lunes, 18 de abril de 2022

18 de abril de 2020

Buenos días (hoy sin retrasos).

Cuando llegas el primer día a una facultad de Economía te explican dos cosas: 1) que la Economía estudia cómo asignamos recursos escasos a objetivos alternativos ilimitados (a esta definición clásica de lord Robbins si tenías la suerte de que te tocase Ernest como profe se le añadía "con el fin de que el mayor número posible de personas alcancen los niveles de bienestar más altos disponibles"; le mataron unos hijos de puta en el aparcamiento de su casa, pero quedamos unos cuantos que le recordamos y lo repetimos). Y 2) que hay que elegir entre dos fines opuestos (eso en pedantés se dice "hay un trade-off"), la eficiencia y la equidad: sólo puedes conseguir más eficiencia renunciando a alguna cantidad de equidad y sólo puedes conseguir más equidad renunciando a alguna cantidad de eficiencia.

Luego vas avanzando y te encuentras con profes que te ofrecen nuevas definiciones. Me gustan mucho dos: según David Ricardo estudiamos cómo se reparte el producto de una sociedad entre las personas que la forman, y según el gran José García Montalvo la Economía es una rama de la Psicología aplicada que estudia cómo nos comportamos los agentes en función de los incentivos a los que nos enfrentamos.

Y también alguien te cuenta que lo del "trade-off" equidad-eficiencia es una milonga salvo en los extremos: si sólo te preocupa la eficiencia desaparece la equidad y si sólo te preocupa la equidad desaparece la eficiencia. Fuera de los extremos más eficiencia genera equidad (es más fácil repartir si el pastel es más grande) y más equidad genera eficiencia (una sociedad que se percibe más justa funciona mucho mejor).

¿Todo este rollo por qué? Pues porque me toca mucho las narices que siempre planteemos las cosas en términos de "o esto o lo otro". Eso aquí es algo cultural y explica muy bien por qué las cosas casi nunca nos van bien del todo. En las sociedades que funcionan bien no hay ese dilema, porque piensan en términos de "más o menos de esto, más o menos de lo otro". Aquí somos muy del blanco-negro, y se confunde a menudo la búsqueda del acuerdo en la zona del gris con flojera o falta de principios. Y es cabalmente al revés: cuanto más sólidos son mis principios menos me cuesta ceder en cosas que no los comprometen. Sobre todo en la vida.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

17 de abril de 2020

Buenos días, buenas tardes ya.

Estaba hace un rato intentando hacer tres cosas a la vez, que es algo que como es bien sabido los tíos no debemos ni intentar (dos ya se nos hace un mundo). He acabado insultando al ratón del ordenador, donde estaba respondiendo un guásap, porque por más que lo movía (incluso a partir de un cierto momento con cierta brusquedad) no veía ninguna reacción en la pantalla… del iPad, con el que intentaba enviar un correo, y todo mientras hablaba por teléfono con una persona que me estaba contando una cosa bastante curiosa.

Al final me he rendido a la evidencia: he terminado la llamada, después he respondido el guásap y luego he enviado el correo. Me he sentido un poco más memo de lo usual y me ha dado por pensar en que si he hecho eso ahora, cuando por mucha faena que tenga no me va a faltar tiempo para hacerla, ¿cuántas veces habré dejado algo a medio hacer, o lo habré hecho como mínimo regular, por no poner suficiente atención en lo que estaba haciendo? Es más: ¿cuántas veces me habré perdido algún momento irrepetible, o quizás una parte especialmente interesante de una conversación, por estar pendiente de cualquier otra cosa?

No sé, me parece que estas semanas, a falta de algo mejor, se nos está ofreciendo la oportunidad de volver a valorar como merecen todas esas cosas que, por tener con facilidad a nuestra disposición habitualmente, las tratamos con la misma indiferencia con la que no damos ninguna importancia a encontrar un volante en el coche.

Y entre esas cosas destacan las que tienen que ver con personas. Ese café de primera hora que tomas con alguien una vez a la semana, ese beso rutinario a tu pareja o tu cachorrada, esa clase que das en modo automático porque después hay una reunión complicada, esa respuesta cortés pero poco sentida a alguien que ha tenido un detalle o ese pajarillo precioso que te mira desde una rama sin que le hagas ni caso.

Voy a intentar que eso no vuelva a pasar. No lo conseguiré porque la tontería no se quita de golpe. Pero intentarlo, vaya que sí.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

16 de abril de 2020

Buenos días.

La mañana se ha levantado fría, fea y gris pero, como se dice ahora, en un giro inesperado de los acontecimientos se han ido las nubes, veo un cielo limpio y un sol radiante pinta de color lo que hace unas horas era una escena en blanco y negro.

Hay días que nos levantamos así: fríos, feos y grises. Y cuando la mayoría llevamos un mes sin salir de casa nada más que para lo imprescindible, y no todo el mundo tiene una casa que permita un encierro llevadero, y tenemos noticias que nos rompen el alma, y sentimos incertidumbre sobre qué va a pasar con el empleo o el pequeño negocio en el que nos ganamos la vida (sabéis que no es mi caso, pero creo que tengo la suficiente empatía como para pensar mucho en las personas para las que sí lo es), pues joer. Tampoco se nos puede pedir que todos los días nos levantemos con ganas de reír, cantar y bailar.

En las redes se ven muchas frases de esas en plan profunda reflexión que son basura, pero de vez en cuando pillo alguna que digo, "mira". Hay una que me gusta bastante y que más o menos dice algo así como que si me ves llorar no pienses que soy débil, piensa que igual llevo mucho tiempo siendo fuerte.

Sin justificar dejarnos llevar por la ira, el pánico, el desánimo o la desesperanza, creo que a veces nos exigimos demasiado a nosotros mismos. Es más que comprensible, sobre todo si tienes la valiosa misión de ofrecer seguridad a otras personas pero también si no la tienes, que necesites un respiro, una breve pausa, un día o unas pocas horas en las que te permitas sentir la melancolía, estar un poquito menos jijijajá, aflojar la tensión para recuperar la fuerza que alguien necesita de ti.

Así que cuando eso te pase procura no sentirte mal. Quienes te necesitan te necesitan a tope y para eso está bien que te dejes caer un ratito de vez en cuando. Mucho ánimo.

Cuidaos y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

15 de abril de 2020

Buenos días, buenas tardes ya.

Intentamos el regreso a algo parecido a la normalidad, esta normalidad extraña a la que supongo que ya nos vamos acostumbrando. Hoy he dado cuatro horas de clase (bueno, en realidad dos sesiones de 100 minutos, cada una de ellas de un tirón), y parece que poco a poco vamos cogiendo una cierta comodidad, van preguntando, voy consiguiendo que participen...

Pero no quería hablaros de esto. Resulta que ahora hago lo mismo que es habitual: pongo el móvil en silencio pero lo tengo al lado. Y mientras estaba dando la clase de la mañana me ha entrado una llamada muy especial. No la he cogido, pero en cuanto he terminado he devuelto una llamada.
Es un viejo y gran amigo, al que debe de hacer algo así como ocho años que no veo, y que ciertamente es de los pocos de entonces que no me llama menos de dos veces al año, pero que ahora llevaba bastante tiempo sin hacerlo. Parece que ha visto algo que le ha hecho pensar en mí y ha decidido marcar mi número. Siempre es una alegría hablar con él, y es una de esas personas con las que puedo charlar y charlar sin que me pase el tiempo. Son llamadas que van mucho más allá del hola-quétal-cómoestás-bien-yvosotrosquétal. Hemos compartido y seguimos compartiendo muchas cosas.

Tú que me estás leyendo, ¿cuánto tiempo hace que no llamas a aquella persona con la que tienes tantos recuerdos comunes? Pero no para contarle algo que te ha pasado o para qué se yo, felicitarle o darle apoyo en un mal momento, no. Cuánto hace que no le llamas porque sí, sin más razón que las simples ganas de hablar de todo y de nada, de escuchar su voz. Los guásaps van muy bien, eso es así, pero no sustituyen a una buena conversación.

Yo hoy ya he hablado todo lo que he de hablar, y mañana tengo cuatro horas de máster. Pero pasado he decidido que voy a aprovechar la tarifa plana. Si no es ahora, ¿cuándo?

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

jueves, 14 de abril de 2022

14 de abril de 2020

Buenos días, buenas tardes ya.

Hoy acaban aquí las vacaciones y se hace raro seguir en casa. Sobre todo estar trabajando, desde casa. Para quienes nos dedicamos a la enseñanza en cualquier nivel, es una necesidad el contacto con la gente a la que tratamos de ayudar a aprender. Sí, claro, hay materiales para que se los curren por su cuenta, trabajos que se hacen individualmente o en equipo en los que nuestro papel es orientar, acompañar...

Pero la clase es la clase. Cada cuál la da como mejor le va: hay quien baja con unos apuntes detalladísimos, hay (sí, todavía hay) quien dicta, hay quien tira de pogüerpóins y demás... El objetivo siempre es el mismo, sea como sea: cada cual busca la manera más eficaz, poniendo lo mejor de sí para transmitir no tanto el conocimiento en sí, sino las ganas de tenerlo.

Yo soy muy de pizarra y de moverme mucho. Bajo a clase con una especie de chuletas DINA5 en las que llevo garabateados unos esquemas muy escuetos, los voy poniendo en la pizarra (una hermosa pizarra blanca de 8 m de largo por 2 de alto) y a partir de ahí voy de aquí para allá hablando mientras camino, preguntando a este o aquella, improvisando votaciones a mano alzada o discusiones sobre lo que explico, cantando una estrofa de una canción que recuerda al asunto del día, contando alguna anécdota, pidiendo que alguien refresque un concepto que estoy usando y que conocen de algún curso anterior o poniendo al vuelo en la pizarra una referencia que viene al caso.

Creo que lo pasan bien, yo desde luego pipa, y cuando eso pasa aprenden seguro y, más importante, notan que saben un montón. Que ya es triste que una gente a la que le faltan dos cuatrimestres para acabar siga con esa horrible y falsa sensación de no tener ni idea.

Todo eso ahora tururú. Les echo de menos, y doy por bien empleada toda la faena de prepararme las clases para dárselas desde aquí. Pero no es igual, qué leches va a ser igual. La docencia no deja de ser una forma de teatro. Y el teatro, sin público, es como un coronel sin regimiento.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

13 de abril de 2020

Buenos días, buenas tardes ya.

Hoy es Lunes de Pascua. Aquí en la esquina donde vivo es un día de celebración muy especial. Los padrinos llevan la mona y todo eso. Las tradiciones, que en muchos casos sirven para darnos una oportunidad de decirnos cosas que siempre sentimos pero que, por algún estúpido pudor, nos cuesta expresar con palabras.

Además es 13 de abril. También era 13 de abril el lunes de Pascua de 1998, que es el día que nació Fernando. Seguramente de vez en cuando todo el mundo se pregunta para qué está en el mundo. Es muy probable que Fernando nunca se haga esa pregunta, ni muchas otras. Pero no hace falta. Por aquí pasa mucha gente que le conoce y todos lo sabemos: Fernando está en el mundo para hacernos felices y para ayudarnos a ser mejores. Yo eso lo veo todos los días: es imposible estar de mal humor si está Fernando, ni enfadarse con él, ni que te dure más de unos pocos segundos la mala cara.

Hasta cuando la tristeza se nos cruza por delante, y llevamos unas cuantas, se vive de otra manera cuando él te pone la mano en el hombro y pega su cabeza a la tuya. Y si un día piensas "no puedo" te acuerdas de que no iba a hablar y habla, de que no iba a caminar y es un tragamillas, de que nunca sabría atarse los zapatos y aprendió él solo a hacerlo, de que le iba a costar relacionarse y le has visto poner a cantar y bailar a un comedor de 100 personas.

La verdad es que me he levantado con cierta melancolía. El tiempo no acompaña, y la situación es la que es, así que me preocupaba como podría hacer que este día fuera un poco especial. Preocupación perfectamente tonta, porque entre la alegría de él y la imaginación de su hermana (algún día hemos de hablar un poco de ella) con dos tonterías hemos montado una gorda.

Si queréis felicitarle hacedlo, yo se lo contaré. Pero al que de verdad hay que felicitar es a mí porque, creedme, ser el padre de un chaval así es un auténtico regalo de la vida, un privilegio y una suerte por la que nunca daré suficientemente las gracias.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

martes, 12 de abril de 2022

12 de abril de 2020

Buenos días, tardes ya.

Cuesta decir cosas positivas cuando la tristeza te tiene atravesada el alma. He de intentarlo, seguramente, porque a lo mejor encuentro dentro de mí algo que pueda hacer que alguien sienta cosas buenas.

Hay personas que pasan por la vida haciendo el bien allí donde van. Personas que a lo mejor son de pocas palabras pero de hechos grandes, no en el sentido de gestas heroicas sino en el de que sin darse cuenta, de una manera natural, tienen continuamente esa manera de estar que crea a su alrededor una sensación de calidez, de bienestar, y gozan de esa fuerza que les permite no estar nunca de mal humor ni tener nunca una mala palabra para nadie. Y que son sembradores de bondad, porque cuando estás al lado de una persona así hasta los que, como yo, somos bichos de la peor especie, parece que hallemos en ellos un modelo a intentar imitar.

Son personas que, por usar palabras muy sabias de otro queridísimo amigo, han hecho de la amistad una verdadera religión. Y la ofrecen de la única manera que tiene sentido ofrecer las cosas: sin pedir ni esperar nada a cambio, porque sí. De esas que no te quieren porque haya algo en ti que merezca ser querido, apañados estaríamos algunos, sino porque quererte forma parte de su misma esencia. Que nunca tienen un no para nadie sencillamente porque no hay en ellos ninguna razón suficientemente importante para negarle nada a nadie. Y que si alguna vez algo no les parece bien (porque nada más lejos de su autenticidad que la pusilanimidad) siempre saben expresarlo de la manera más acertada, que es la que no da lugar a que nadie pueda sentir la menor molestia ni alusión personal negativa.

Hoy estamos empezando a tomar conciencia de que hemos perdido a una de esas personas. De asumir, como dice el título de un gran libro, la ridícula idea de no volver a verle. Muchos le hemos llorado y seguro que volveremos a hacerlo. Pero también para muchos hoy es el día que se hace realidad una inmensa promesa, y podemos encontrar un poco de luz en la esperanza de que algún día, más allá del tiempo, podremos volver a abrazar a aquel hombre de mirada buena y sonrisa perpetua.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

11 de abril de 2020

Buenos días.

Intento en estas parrafadas matinales dar ánimo, provocar un poquito la reflexión a partir de la mía propia... Unos días lo consigo y otros no. Como en cualquier otra cosa que intente.

Me ha sido relativamente posible hablar de lo que nos está pasando de una manera muy desde dentro pero a la vez despersonalizada. Pensando en todo el mundo pero en nadie en concreto.

Hoy lo siento pero no puedo. Muchos de quienes pasáis por aquí sabéis por qué, y a quienes no lo sepáis tampoco os hace falta saberlo y seguro que lo respetáis.

Sólo os pido que me acompañéis con un pensamiento, una oración o lo que a cada uno le salga de lo más íntimo y le sirva para mantener encendida la luz de una esperanza, como esa vela que cada noche pone en su muro una queridísima amiga y que ayer, por primera vez, iba dirigida a una de las personas más buenas y generosas que he conocido en toda mi vida.

Y que en este momento necesita toda la esperanza que seamos capaces de ofrecerle.

Por favor, cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. De verdad que se os quiere.

10 de abril de 2022

Buenos días.

Estos días pienso mucho en tantas personas que llevan todo el año esperando la Semana Santa para culminar un esfuerzo inmenso saliendo a las calles con sus cofradías y bandas, o sencillamente a participar de una manera u otra en las celebraciones cuaresmales y pascuales. Os envío mi recuerdo más cariñoso, y os brindo este verso de Kipling que a lo mejor os reconforta de alguna manera:

"Si vuelves al comienzo de la obra perdida
aunque esta obra sea la de toda tu vida..."

Volveréis a las calles, a llenarlas de vida, música y fe. Mucho ánimo y arriba los espíritus.
Son días para muchos de contrición. De mirar hacia dentro y preguntarnos por nuestras debilidades, nuestros malos momentos, esas veces en las que hubiera sido mejor hacer o decir algo distinto de lo que hicimos o dijimos, o simplemente no hacerlo o decirlo.

Recordamos a aquella chica o aquel chico al que no nos atrevimos a decirle lo que nos inspiraba, aquella propuesta que rechazamos, aquella discusión en la que nos dejamos llevar por el calor y dijimos cosas que seguramente causaron dolor, aquella vez que alguien mereció nuestro aplauso y quizá por pura desidia no se lo ofrecimos... No hay gran diferencia entre el arrepentimiento por la acción y por la omisión: los dos nos llevan a sentir que una conducta diferente habría tenido un resultado mejor.

En mi memoria guardo gran cantidad de oportunidades perdidas, tanto de hablar como de callar, tanto de hacer como de no hacer. Tengo el genio vivo, como bien sabéis. Dentro de mí vive una mala bestia a la que la mayor parte del tiempo controlo bastante, pero por desgracia algunas veces se me escapa, quizá porque en realidad se parece mucho más a lo que soy que a lo que me gustaría (y me esfuerzo para) ser. Lo cierto es que siempre acabo lamentándolo.

Una vez leí un artículo-resumen de un curioso proyecto de investigación, titulado "Apology and forgiveness evolve to resolve failures in cooperative agreements" (ya veis a qué cosas nos dedicamos en mi gremio). A partir de un montón de experimentos reales sobre una variante sofisticada del dilema del prisionero, los autores llegan entre otras a una conclusión que me interesa: cuando en las relaciones sociales se producen comportamientos que rompen los acuerdos implícitos o explícitos, ante la opción entre venganza o perdón la estrategia dominante (así se llama en teoría de juegos a la que resulta más beneficiosa) para todo el mundo individualmente y en conjunto es el perdón, con una sola condición: que se produzca una disculpa y que esa disculpa sea percibida como sincera.

Si alguna vez, queriendo o sin querer, te he hecho daño (y la probabilidad es alta), quiero que sepas que lo siento, y que lo siento de verdad.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

sábado, 9 de abril de 2022

9 de abril de 2020

Buenos días.

Hace unos cuantos años, cuando empezó la maldita odisea hacia la nada que se ha dado en llamar "el procés", un antiguo líder político catalán, ya retirado de la vida activa pero nunca de la reflexión bastante atinada, propuso introducir una división nueva de los sujetos agentes y pacientes de todo el delirio que hemos vivido en este tiempo. Esa división nueva (que se suma, sin duda a otras muchas, incluida alguna que modestamente he creado yo mismo y de la que quizá diga algo un día de estos) establecía dos categorías: "mejoradores" y "empeoradores".

Hay que hacer notar, en primer lugar, que ambas categorías son transversales. Dicho de otro modo: aquí no hay colores. Hay mejoradores y empeoradores en todo el espectro horizontal desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, y hay mejoradores y empeoradores en todo el recorrido entre el centralismo más jacobino y el independentismo más radical. Porque no va de ideas, va de actitudes.

En la categoría de mejoradores están todas las personas, insisto, sean cuales sean sus ideas, que intentan aprovechar cualquier mínimo atisbo de acuerdo o punto de encuentro para intentar reducir todo el mal y el daño generado, en el caso que nos ocupa, por todo este tiempo de mentiras, extensión del odio, exacerbación de los peores instintos que forman parte de la complejidad de la naturaleza humana. Ahí han destacado personas que han propuesto vías de entendimiento, reconocimiento, reconciliación, buscando (a veces con acierto y a veces sin él) resolver o al menos atenuar los problemas.

Y en la de empeoradores forman, vuelvo a insistir que sin distinción de opciones, quienes cada día encuentran una razón para insultar, vejar, agredir, menospreciar, ofender, ahondar en una división que en muchos casos ellos mismos han creado. Ahí están los que han utilizado sin reparos cualquier cosa para atizar el fuego de un enfrentamiento civil porque creían que eso servía a sus propios fines y ya se sabe, para quien carece de principios el fin justifica todos los medios.

El "procés" ha sido posiblemente la crisis institucional más grave de nuestra democracia (que no quiere decir lo peor). Y ahora estamos viviendo la que probablemente sea la situación social y económica más dramática de nuestras vidas. Me temo que volvemos a ser susceptibles de clasificarnos en mejoradores y empeoradores. Y me temo, aún peor, que todo el mundo tenemos ratos en los que estamos en un lado y ratos en el que nos metemos en el otro. Incluido yo mismo, y puede que en cabeza.

Cuidaos mucho y ciudad de vuestra gente. Se os quiere.

8 de abril de 2020

Buenos días.

Algunos queridos amigos me hacen notar de vez en cuando, con cierta tristeza, que a menudo me refiero en este muro a España como "Caínlandia" o "la patria de Caín". A lo mejor creen que lo hago como una especie de esnobismo, algo para, como se decía antes, "épater le bourgeois" o jugar al "enfant terrible". Nada más lejos de la realidad.

Cuando hablo así de España lo hago con lástima y dolor, pero consciente de dos cosas. La primera es una realidad histórica que es difícil de negar, y que básicamente consiste en que España ha tenido cinco guerras civiles en los últimos trescientos años. La segunda es una mirada contemporánea en la que me basta mirar alrededor para que me surja una lágrima en el alma.

Hoy me pregunto si estamos predestinados a ello. Si la herencia que recibimos nos obliga a ello o si está a nuestro alcance la posibilidad de ser de otra manera. Si algún día seremos capaces de ver al que piensa diferente no como un enemigo de la patria o del pueblo (tenemos todas las versiones) al que hay que exterminar, sino como alguien que también persigue el bien común pero tiene una idea diferente de qué es y cómo alcanzarlo.

Mi fe es que la inmensa mayoría preferimos lo segundo. Mi duda es si no habrá quizá demasiada gente que ama tanto a Dios y a España que se gasta todo el amor y no le queda nada para amar ni a los hijos de Dios ni a sus compatriotas españoles. Yo por mi parte de verdad que lo intento. Pero es verdad que cuando supuestos amigos te dan de palos desde primera hora de la mañana no es fácil mantener la línea.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente.

jueves, 7 de abril de 2022

7 de abril de 2020

Buenos días.

Una de las historias de resistencia ante a la adversidad que más me ha impresionado siempre es la de la tripulación del "Endurance" y su líder, Ernest Shackleton, que permanecieron atrapados en una pequeña isla cerca de la Antártida durante más de dos años después de que el hielo hundiera el barco. Como es bien sabido, el propio Shackleton con cinco personas más se embarcó en un pequeño bote para, tras navegar más d 1.300 millas, llegar a la estación ballenera más cercana, desde donde organizó el rescate de su gente sin que se perdiera ni una sola vida.

Son varios los protagonistas de aquella hazaña que dejaron por escrito sus relatos, y todos ellos coinciden en una cosa: lo que les hizo capaces de resistir fue la capacidad del jefe de la expedición para transmitir optimismo y paciencia.

No siempre es fácil en momentos como el actual encontrar la fuerza para tomar conciencia de que saldremos adelante. Pero la Humanidad, a lo largo de la historia, se ha enfrentado a situaciones mucho peores que esta, y con muchos menos medios y conocimiento científico que los que tenemos ahora. Y esa es una razón para mantener la esperanza de que, incluso con dificultad, vamos a salir adelante.

Tampoco es sencillo para quienes vivimos inmersos en la cultura del aquí te pillo aquí te mato, en ese ritmo de vida en el que nos parece que todos los deseos que tengamos han de ser satisfechos de inmediato, aceptar que hay cosas que requieren su tiempo, su proceso y su espera.

Resistir es vencer, se dice. Pues a lo mejor para resistir tenemos que ser, primero, conscientes de nuestra propia capacidad de resistencia, y segundo, capaces de contener esa urgencia en el cumplimiento de cualquier apetencia a la que tan acostumbrados estamos.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

miércoles, 6 de abril de 2022

6 de abril de 2020

Buenos días.

Cuentan que cuando a Napoleón le presentaban el historial de un militar con la propuesta de ascenso a general, después de mirarse el expediente por encima el emperador hacía esta pregunta: "¿es hombre de suerte?"

La suerte, el azar, tiene una gran presencia en nuestras vidas. Si el renacuajo que alcanzó su meta hubiera sido otro existiría una persona, pero no sería yo. Mejor persona y más inteligente seguro, porque hay mucho margen. Pero hombre o mujer, más alto o más bajo... nunca lo sabremos. De ahí en adelante la casualidad nos acompaña todo el tiempo. La familia en que nacemos, las personas que se cruzan en nuestra vida, las oportunidades que se nos ofrecen...

Nuestra mente está hecha para facilitarnos vivir con nosotros mismos, y tiende a hacer que cuando nos pasan cosas buenas creamos que es por nuestros propios méritos, y en cambio atribuye la adversidad a la mala suerte.

A veces es verdad, pero otras uno mismo hace eso que los toreros llaman "ponerse en suerte". En un viejo libro de chistes de Forges había una viñeta de la serie de los presos (aquellos diálogos entre dos hombres barbudos, melenudos y demacrados que colgaban por los brazos de las rejas de sendas ventanas); uno le decía al otro: "¿otra vez detenido por propaganda ilegal?", y el otro respondía: "si es que tengo mala pata... estaba yo tranquilamente en medio de la Gran Vía dale que te pego con la ciclostil...", y el otro: "estás gafado". La suerte buena o mala viene porque sí con frecuencia, pero hay veces que nos la. buscamos.

Que acabemos pillando el carajovirus depende en parte de la fortuna. Pero podemos ayudarla un poquito y sabemos cómo. Es fácil y está al alcance de casi todo el mundo. Ojo.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

martes, 5 de abril de 2022

5 de abril de 2020

 Buenos días.

Hoy es Domingo de Ramos. Más allá de las creencias de cada cual, de la fe mantenida, perdida o nunca tenida, seguramente esta es, junto con el día de Reyes, la festividad de tipo religioso que más evocadora nos resulta por el sentido cíclico que tiene en las vidas de la mayoría de nosotros. Difícil no acordarse de los días de Ramos de la infancia con nuestros padres, esperando con alegría la bendición de las palmas y las ramas de laurel, seguramente estrenando zapatos, y quizá también recordamos la misa más larga del año, tan larga que a mitad del Evangelio hasta nos dejaban sentarnos un ratito.

Luego para muchos de los que pasamos por aquí Ramos significó cargar furgonetas y quizá conducirlas hasta algún precioso paraje en el que, con frecuencia partiendo de la nada, en un par de días de curro muy intenso aparecían comedores, letrinas, cocinas, tiendas... Todo lo que sabemos de organizar lo aprendimos seguramente en aquellas acampadas de fortuna en las que con medios muy precarios éramos capaces de proporcionar unos días de vida en lo salvaje, pero muy digna, a unas cuantas docenas de chavales.

Más adelante los hijos nos convertimos en padres y le dimos continuidad al ciclo de la vida: nos tocó a nosotros ocuparnos de conseguir palmas y zapatos para nuestros hijos, transmitirles la emoción de la bendición, mantenerles razonablemente en calma en aquella misa inacabable. Ya también a muchos de nosotros nos ha tocado en su momento ver marchar a nuestros cachorros para devolver en otros lo que en su día les dimos.

La tradición. Siempre repetida pero levemente modificada en cada transición a la generación siguiente. Como hijos fuimos diferentes de los niños que un día fueron nuestros padres y nuestros hijos serán diferentes de nosotros. Como padres somos diferentes de los nuestros y seguramente si la vida nos hace ser abuelos seremos diferentes de nuestros abuelos y de los abuelos de nuestra manada.

Pero hay un hilo que no se rompe aunque cambie de color. Al final, quizás, eso de la vida consista la mayor parte del tiempo en construir en el presente ese mañana en el que entreguemos a los que nos siguen un mundo mejor que el que nos dieron. Ojalá seamos capaces.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

lunes, 4 de abril de 2022

4 de abril de 2020

Buenos días.

Si siempre hemos sido el país de la sabiduría popular, ahora que estamos rodeados de miles de fuentes de información ya no es que tiremos de refranero, es que podemos ver a un tipo como yo, que de medicina si me sacas del paracetamol y de mis tres pastillas diarias soy un ignorante completo, llevándole la contraria a un jefe de servicio de cardiología de un hospital de referencia a partir de una cosa que he leído en internet, de una fuente que muy probablemente soy incapaz de valorar.

El refranero es perfecto porque siempre encontramos en él una frase adecuada para justificar lo que en cada momento defendemos. Por ejemplo, si eres dormilón puedes decir que "no por mucho madrugar amanece más temprano", y si eres más bien de los que se levantan con el sol recurres al "a quien madruga Dios le ayuda". En Hispanoamérica, que son casi como nosotros pero con más cachondeo, hay otra versión que dice "para el pájaro que madruga Dios hace que un gusano madrugue", a lo que siempre hay alguien preparado para contestar con sorna "y para el gusano, ¿qué hace Dios?"

Otro recurso habitual es la añoranza del pasado. A mí me da toda la rabia del mundo cada vez que veo por aquí alguna cita de una noticia manifiestamente falsa (ya hemos echado alguna risa sobre ello), pero en las últimas semanas alguien ha comparado la libertad de prensa de ahora con la que había hace 60 años, esa época en la que se podía expulsar de su cátedra a una eminencia por una columna en prensa o había un señor que te podía tachar en rojo páginas enteras de las galeradas de un diario o capítulos de un libro. En fin.

Ya no digo nada de lo buena que era la vida antes, nuestros bisabuelos sí que vivían bien. Por eso en España la esperanza de vida al nacer en 1950 era de 62 años y ahora son 20 años más. Por eso se moría la gente 20 años más joven la gente, ¿sabéis? Porque su vida era mucho mejor y más sana.
La última gran fuente de saber es el caso particular: "mi abuelo fumó toda su vida como un carretero y murió con 90 años". Pues felicidades para tu abuelo, pero en España el tabaco mata a más de 55.000 personas cada año.

Como soy un esperanzado irredento creo que de esto aprenderemos que el conocimiento viene de la Ciencia. Y que la Ciencia cambia sus percepciones a medida que va descubriendo cosas nuevas, algunas veces como ahora a puñetazos, y que es más propio de un científico decir "en este momento no lo sabemos" que inventarse una respuesta.

Para la fe está Dios, para quienes creemos en Él. Para todo lo demás, conocimiento contrastado generado por quienes saben.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

domingo, 3 de abril de 2022

3 de abril de 2020

Buenos días.

Desde que tengo carnet de conducir (anteayer, digamos), tengo una costumbre que a mis acompañantes les sorprende y provoca comentarios, a veces jocosos y otras hasta hostiles. Cada vez que conduciendo me cruzo con algún vehículo de lo que suelo llamar uniformados, si es de día hago un pequeño gesto de saludo con la mano, y si es de noche hago un destello, sólo uno, con las largas.

He de reconocer que aunque no soy un conductor de esos que dan miedo, me gusta correr. Ahora me he moderado mucho y está bien, pero la verdad es que cuando la vía lo permite he sido de zumbarle bien. Así que además de un bonito álbum de fotos de culos de mis coches, tengo experiencia de haberme parado bastantes veces personas vestidas de verde o de azul, con gorra teresiana o de plato o con boinas diversas. Y claro, no me nunca me ha hecho feliz eso de "buenos días, señor, me temo que tengo que denunciarle".

Pero también he necesitado la ayuda de esos mismos Cuerpos y cuando así ha sido nunca he sido capaz de captar el matiz diferenciador, esa peculiaridad que me permitiera distinguir al Ejército, la Ertzaintza, la Guardia Civil, la Policía Nacional o cualquier Policía Local. Siempre me he encontrado con personas que realmente habían convertido en profesión una genuina vocación de servicio.

Estos días hemos vivido la estúpida polémica sobre los hospitales de campaña y otras acciones de la UME en Cataluña. En un lado están los idiotas que dicen "oh, vaya, ¿para eso sí que son españoles?" y sus no menos idiotas cómplices necesarios, los del "no queremos nada de esos". En el otro lado está la gente a la que lo que de verdad le importa en esta hora es atender lo mejor posible las necesidades de la ciudadanía que les eligió y les paga el sueldo.

Si cuando lo necesitas alguien te ofrece su ayuda desinteresada, sea porque es su obligación o porque le sale así, creo que la única respuesta decente es dar las gracias. Así que hoy gracias, muchas gracias y un viva a nuestras Fuerzas Armadas y a nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

sábado, 2 de abril de 2022

2 de abril de 2020

Buenos días.

Hace muchos años se contaba un chiste que relataba la visita de un obispo a un monasterio de monjes que vivían en condiciones de pobreza. Al obispo en cuestión se le servía una cena opulenta, con la más amplia gama de ricos manjares y en abundancia. En mitad del banquete el obispo preguntaba al monje que le servía lo que iba a cenar, y éste le respondía que una sopa de pan y ajo, a lo que el obispo exclamaba: "'¡anda, con su ajito y todo!".

Estamos encerrados para proteger nuestra salud y la salud de todo el mundo, y son casi 20 días y no es difícil vaticinar que seguramente va a ser necesario que nos quedemos otros tantos para vencer en esta puñetera lucha contra un enemigo invisible, tan pequeño que ni siquiera con el más potente microscopio óptico es visible.

Y es muy posible que haya momentos en los que estés hasta las narices, que pienses en salir a tirar una bolsa de basura vacía hinchada como si fuera un globo y bien atada; o que decidas irte a la compra aunque tengas de todo en casa, si hay sitio en el congelador por qué no; y que te sientas en un encierro injusto, insoportable; o que tengas algún motivo personal al margen de la pandemia para sentirte muy triste.

A mí me han pasado o por la cabeza o realmente todas esas cosas. Y entonces he pensado en que seguramente hay millones de personas que viven en casas peores que la mía, que ya vivían en condiciones precarias antes de que esto empezase, que no saben si cuando pase esto seguirá existiendo la empresa en la que trabajan o podrán reabrir el pequeño negocio que les sustenta, que tienen a seres queridos atacados por la enfermedad o les han visto marchar sin poder despedirse de ellos.

Entonces me doy cuenta de que comparado con muchísima gente me parezco más al obispo del chiste que al monje que le servía. Demos gracias por lo que tenemos sea lo que sea, y acordémonos siempre de que hay personas para las que, comparadas con uno mismo, es un verdadero lujo cenar una sopa de pan. Con su ajito y todo.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

viernes, 1 de abril de 2022

1 de abril de 2020

Buenos días.

Se acaba el disgusto y empieza el duelo, que no es más que una forma inteligente que tiene nuestra mente de enseñarnos a vivir la vida de una manera diferente. Y además es el mismo mecanismo que cuando el hecho que desencadena el cambio es positivo: después de la celebración viene aprender nuevas costumbres y, exactamente igual que antes, empezar a vivir de otra forma.

Hay quien cree que la evolución estiró el cuello de las jirafas. La cosa es bastante diferente. Lo que hizo la evolución es que las jirafas más altas sobrevivieran cuando el alimento del suelo escaseó y sólo quedaron las ramas de los árboles. Los seres que tienen la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas siguen adelante, y los que no la tienen se quedan atrás. No sé si somos conscientes de que lo que estamos viviendo significa empezar una vida nueva. Algunas cosas nunca volverán a ser como antes y quien no lo aprenda perderá el paso.

Por ejemplo, dentro de un rato voy a dar mis clases de los miércoles desde casa. Años diciendo que teníamos que pensar maneras nuevas de hacer las cosas, lo hemos ido dejando y dejando, y ahora en dos semanas lo hemos tenido que aprender a puñetazos, deprisa y mal. Normalmente bajo a clase con unas fichas súper esquemáticas, del tamaño de un cuarto de folio (creo que se llama DINA6). Yo con una ficha de esas y una pizarra enorme puedo dar 3 horas de clase. Ahora casi no me sirven para nada las fichas y evidentemente tampoco puedo tener en casa una pizarra de 10 metros de largo y 2 de alto para "por si vuelve a pasar". Estos días estoy echando de menos tener un ordenador como mandan los cánones pero, lo siento, seguiré haciendo los vídeos para la tele con el móvil.

Nos va a pasar lo mismo como sociedad. Nunca volveremos a ser como antes porque esta vivencia nos va a dejar huellas profundas. Habrá quien después de esto se descubra a sí mismo siendo más egoísta, más rabioso, más dispuesto a mentir, más capaz de usar sin ningún reparo hasta lo más sagrado para hacer daño o de alegrarse del mal ajeno. Pero en mi ingenuidad mantengo la esperanza en lo más humano, y lo más auténticamente humano es la solidaridad, la comprensión, la búsqueda de la verdad, la intención de hacer el bien por encima de todo y de compadecerse de quien sufre.

Aceptando de antemano las limitaciones y los malos momentos de todo el mundo (cómo no aceptar en los demás algo que yo tengo en cantidades industriales), pienso que nos crearon libres y por tanto cada cuál puede elegir. Hay quien ya lo ha hecho.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.

jueves, 31 de marzo de 2022

31 de marzo de 2020

Buenos días.

El día que Mus llegó a casa nada más entrar se encontró con Arlín, ya muy viejecita y que abultaba la mitad que él. Arlín se acercó, se olieron un poco y de pronto Mus, con sus 40 kilazos, se aplastó completamente en el suelo frente a ella y no se movió hasta que ella le volvió a oler y se separó de él. Se convirtieron en inseparables, incluso cuando ella ya no podía ni caminar él hacía su vida pero de vez en cuando se acercaba a darle la lata un poco.

Unos meses después, un día al volver a casa Mus no me dejaba entrar. Me empujaba hacia la parte de atrás del jardín. Mosqueado le hice caso y fui adonde intentaba llevarme. Allí me encontré a Arlín, muertecita aunque aún no del todo fría. Me dolió mucho no haber podido acompañarla en su último viaje, pero supe que no había estado sola, que Mus había estado con ella.

Mus se marchó anoche a encontrarse con su amiga. Han sido dos semanas duras de verle cada vez más débil, apagándose poco a poco. Pero sin una queja, sin un mal gesto. Como se ha ido toda la gente de esta familia. Se ha ido conmigo a su lado acariciándole y diciéndole la verdad: que durante 14 años su presencia enorme ocupando toda la casa nos ha dado alegría y tranquilidad a todos aquí, que llegar y recibir en el pecho el golpe de sus patazas ha sido uno de los momentos especiales de cada día; que nunca podré agradecerle bastante que su nombre fuera la primera palabra que dijo Fernando, cuando nos decían que nunca podría hablar, y que no olvidaré que cuando he vuelto después de dejarle varios días solo jamás me ha demostrado otra cosa que alegría.

Como he dicho ya a algunas personas en privado, seguramente con la que está cayendo os parezca estúpido, y yo respetaré eso, pero no puedo decir otra cosa: estoy traspasado de dolor y tristeza. Para ellos somos sus dioses. Nos lo dan todo y no nos piden nada. Agradecen la caricia y la palabra y si saben que te han hecho enfadar sólo te miran esperando a que vuelvas a ponerles la mano en la cabeza.

Te voy a echar de menos, Mus, querido compañero.

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.










miércoles, 30 de marzo de 2022

30 de marzo de 2020


Buenos días, buenas tardes ya.

Hoy no estoy yo muy como para dar ánimos, la verdad. El día se ha levantado gris, algunas buenas noticias que esperaba no han llegado y mis cachorros se han ido, como corresponde, a pasar esta semana con su madre. No hay ninguna preocupación en esto último: se que van a estar con ella como mínimo igual de bien que conmigo, tan seguros como aquí y con el mismo cariño y bienestar. Pero la verdad es que me lo paso bien con ellos, estamos bien juntos. Y además cuando están cocino como Dios manda, en cambio esta semana que voy a estar solo me temo que voy a ser un desastre desde el punto de vista alimentario.

Curiosamente, no me disgusta la soledad cuando la elijo yo. No soy un solitario, más bien todo lo contrario. Si algo me gusta es estar rodeado de gente en casa, en el trabajo, en todas partes. Pero eso no contradice que haya momentos en los que me apetece quedarme a solas conmigo mismo. A veces eso me permite desde poner orden en casa hasta dedicar tiempo a ese libro que no consigo acabar, o escribir y enviar esas cartas pendientes (señoras y señores, servidor sigue de vez en cuando cogiendo un mazo de folios y algo que escriba, preferentemente un pilot V7 aunque a veces también alguna de las plumas que heredé de Jose, y así pertrechado escribo unos misales de tres folios a dos caras que ríete tú de los que os pongo aquí), o escuchar en calma esa música que me gusta y que necesita quietud absoluta para disfrutarla bien.

O sencillamente pensar. Pensar en el sentido profundo de la palabra, en cosas a las que llevados por la inmediatez de lo cotidiano no tenemos casi nunca tiempo de dedicarles una reflexión concentrada. No vayáis a creer que eso signifique preocuparse por el ser y el no ser, quiénes somos de dónde venimos a dónde vamos, el destino de la Humanidad o cosas de esas. No, no, mi coco no da para tanto y menos desde que tiene el agujerito. Pero es que ni en las cosas más simples tenemos casi nunca tiempo para pensar.

Estos días hay mucha gente que está sola. Y no por elección, sino porque la vida les ha llevado ahí, sea porque lo han querido o porque así han ido las cosas. Tú que me estás leyendo seguramente no lo estás, pero quizá conoces a alguien que sí. Si ya se te ha ocurrido, estupendo. Y si no, ¿crees que a lo mejor puedes enviar un mensaje o hacer una llamada a un par de personas que sepas que están solas?

Cuidaos mucho y cuidad de vuestra gente. Se os quiere.